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NUTRICIÓN Y ALTO RENDIMIENTO: EL CASO DEL RUGBY

Tener hábitos de alimentación adecuados, marca la diferencia entre deportistas a la hora de competir, y en casos de deportes de alta exigencia, como el rugby, la alimentación debe ser rica en carbohidratos y proteínas para poder sostener la demanda energética.



El rugby es un juego de fuerza, velocidad, intensidad y habilidad, por ende la ingesta de proteínas tiene un rol clave debido a que existe un mayor trabajo y estrés muscular. 
Si comparamos un jugador de fútbol y uno de rugby, existen diferencias notorias en la composición corporal de ambos tipos de deportistas. El jugador de rugby tiene un mayor porcentaje e índice de masa muscular. Al existir mayor contacto, se requiere mayor masa y fuerza, sobre todo en el tren superior, en comparación con el fútbol.

Desde la nutrición, esto se traduce en que el rugbista debe tener una ingesta calórica y proteica más elevada, porque el trabajo de fuerza y de resistencia, es incorporado con mayor frecuencia dentro de las rutinas de entrenamiento.
Lo más recomendado en su alimentación son proteínas de origen animal magras (pollo, pescado, fuentes lácteas bajas en grasas, carne roja magra y huevos), suplementos de suero de leche que facilitan el transporte y disponibilidad de aminoácidos esenciales, carbohidratos de carga e índice glucémico moderado y con un aporte de fibra considerable (arroz integral, pastas ricas en fibra, y la gran mayoría de frutas y verduras) y grasas, porque son esenciales para la salud y funcionamiento óptimo del organismo (frutos secos, aceitunas y aceite de oliva). 

Es importante evitar alimentos que sean ricos en grasas saturadas o trans (comida rápida, tortas, chocolates), alimentos procesados y envasados. Las calorías deben ajustarse de forma individual, debido a que existe una amplia variación de éstas según el peso corporal, tiempo de juego y metabolismo de cada individuo.

Un partido podría generar un gasto energético de alrededor de 600-1000 calorías, o incluso más, dependiendo de las condiciones y tiempo en cancha. Un rugbista de 90-100 kilogramos de peso, en periodo de competencia con no menos de 6-10 sesiones de entrenamiento a la semana no debería consumir menos de 4000-5000 kcals al día (dependiendo del tamaño y posición).

Dependiendo del peso corporal del atleta, una mezcla de carbohidratos (60-100 gr de aporte total) con proteínas de origen animal principalmente (20-40 gr de aporte total), 2 o 3 horas antes de la competencia deberían ser eficientes en promover energía y aminoácidos esenciales para disminuir el daño muscular. 

Es verdad que una buena alimentación exclusivamente no asegura el éxito de un deportista, pero una mala puede traer consecuencias serias en su salud y rendimiento.
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